Para la historia, siempre será una tragedia que el vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya se estrellará entre sangre humana y estrépito, en la Cordillera de los Andes, el 13 de octubre de 1972. Para el cine, siempre lamentaremos que entre los supervivientes del terror, ninguno se haya dedicado de modo profesional a la dirección cinematográfica. Digo esto porque solo los seres humanos que sufren en sus carnes la crueldad insoportable de estos durísimos golpes, son capaces, así lo creo yo, de narrar con absoluta contundencia y fiel credibilidad, la verosimilitud de sucesos como el acaecido aquel viernes en el Glaciar de las Lágrimas de la argentina provincia de Mendoza. El realizador barcelonés Juan Antonio Bayona tiene el reconocido aval de ser uno de los transmisores visuales más potentes del cine español. Un brillante narrador, además de un especialista en plasmar en imágenes, historias reales en dónde la sensibilidad, la resiliencia y el dolor ante la adversidad, se conjuran contra cualquiera de nosotros. La Sociedad de la Nieve (2023) es una gran película, desprende identidad e intensidad, se nota que tiene en su hacer muchas horas de trabajo. Hay una impecable muestra de efectos, trazados con maestría. Primero hay que hacer notar que la película y el desarrollo del guión, obra del propio Bayona, escoltado por Bernat Vilaplana, Jaime Marques y Nicolás Casariego, está basado en una novela del periodista y escritor uruguayo Pablo Vierci, que además también es guionista. Lo digo porque la película ha recibido críticas amables sobre la oportunidad de dar determinados giros de guión, de incluir detalles que no se tuvieron en cuenta, incluso de narrar de forma paralela las vicisitudes de las familias que supieron del accidente del avión que trasladaba a sus seres queridos en la distancia, sin poder actuar en consecuencia. A mi la película me gusta, es directa, juega con la estética visual y con un gran ejercicio de fotografía, es capaz de trasladar la importancia del trabajo en equipo para sobrevivir, el éxito de no rendirse, y además el triunfo de hacer lo que debes cuando debes. La moral es subjetiva. Como una verdad proustiana, la moral traza la ruta de los desdichados, pensar siempre en esa clave, incluso cuando está en juego tu propia supervivencia, es en efecto una desdicha y tal vez sea ese el ingrediente no visible que lanza al debate el film de Bayona. No lo cita, pero es de todos conocido. Era más elegante no hacer juicios de valor sobre una decisión tomada a pie de nieve, porque ya lo dijo Schopenhauer : predicar moral es cosa sencilla, mucho más sencilla que ajustar la vida a la moral que se predica. Más que meritorio trabajo del elenco de actores, con un especial reconocimiento a Enzo Vogrincic, que da vida a Numa Turcatti, enrolado en la expedición como convidado de piedra, ya que no formaba parte del equipo de rugby y estaba en el lugar menos idóneo y en el instante menos adecuado, por la invitación de un buen amigo, miembro de la plantilla del Old Christians. Me ha gustado La Sociedad de la Nieve, considerada como un ejercicio de visibilidad, de reconocimiento a quienes, más allá de los implicados en esta tragedia, o milagro, o las dos cosas, luchan en sus vidas por resistir, por caer y levantarse, usando el resorte invisible de su condición humana. Bayona, en fin, se consolida como magnífico relator de la resiliencia y como verso libre armado de una férrea personalidad, ajena al que dirán. Las críticas van aparte.
Le reconozco a este cuento de terror sibilino ciertos momentos brillantes para quienes disfrutamos con películas del género. Más allá del elogio burdo a Rosemary’s Baby (Polansky,1968) que funciona más como excusa que como base argumental y la sentimental más que eficiente, algo no disimulado, puntada final a Psycho (Hitchcock,1960), la realizadora barcelonesa Mar Targarona funciona con luz propia y se muestra en planteamiento y nudo con efectividad, manteniendo firme el pulso del relato, sin titubeos. Incluso Belén Cuesta se gana con ganas el foco protagonista sin que nadie le haga sombra. Nada que achacar. Pero en mi opinión, es el desenlace la falla en la película, dando la impresión, esa que tanto fastidia, de que el guión no sabe finalizar el baile sin pisarnos un pie. La media hora final, los truculentos ritos de bañera elegante, la navaja de afeitar amenazadora en manos de la protagonista, la hija oriental de los vetustos y diabólicos alemanes, la batidora y una suerte difusa de...


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